Mercosur se retrasa, pero el reto del agricultor europeo sigue intacto
La defensa del agricultor europeo no vendrá de decisiones políticas. Vendrá de su capacidad para demostrar cómo produce, dónde produce y bajo qué condiciones.
El retraso del acuerdo Mercosur es una buena noticia para el sector, pero conviene no engañarse: no es una victoria definitiva, es solo tiempo ganado. La movilización ha funcionado y aparentemente se cancela el acuerdo, pero debemos ser realistas: esto no es el final del problema, es una prórroga, una moratoria, simplemente se ha retrasado la votación entre 18 y 24 meses. El acuerdo volverá a debatirse y, cuando lo haga, los productos de terceros países volverán a competir en el mercado europeo con claras ventajas en coste. La cuestión clave es: ¿Cómo puede protegerse y diferenciarse el productor español cuando eso ocurra?
Competir en precio no es una opción
Los agricultores y ganaderos europeos operan bajo normativas ambientales cada vez más estrictas. Un uso restringido por la ley y por los consumidores en cuanto a las aplicaciones de fitosanitarios, exigencias laborales y de bienestar animal, sistemas de control y auditoría constantes, y un largo etcétera de piedras en el camino del sector primario europeo.
Pretender competir en precio con productores extracomunitarios es una batalla perdida de antemano. Aunque las cláusulas espejos fuesen efectivas, aunque no hubiera acuerdo comercial, todos esos productos extracomunitarios pueden estar en el mercado europeo, y siempre serán más baratos.
La única vía sostenible que nos queda a los productores europeos es competir en calidad, origen, confianza, seguridad y demostración objetiva de valor.
La trazabilidad: de obligación administrativa a herramienta estratégica
En este mercado global, donde es habitual encontrar productos producidos a miles de kilómetros, es donde entra en juego la trazabilidad.
Durante años, la trazabilidad se ha percibido como un trámite impuesto por la normativa. Hoy se está convirtiendo en algo muy distinto: una infraestructura clave para diferenciar el producto europeo.
Un sistema de trazabilidad bien implantado permite a los agricultores convertir el cumplimiento real de la normativa de la UE en una ventaja comercial real.
Y esto es una ventaja competitiva real en los mercados actuales, una manera efectiva de comunicarse con los consumidores finales. Porque ellos tienen la capacidad de decisión de optar por un producto u otro, pero los productores tenemos la responsabilidad de poder ofrecerles información veraz para poder tomar la decisión de compra. Frente a cadenas largas y opacas de importación, el productor europeo puede ofrecer algo muy valioso: control y transparencia.
Digitalizar la gestión para que la trazabilidad funcione
La trazabilidad no se improvisa ni se resuelve con más papel. El papel, aunque lo aguanta todo, no sirve para esta labor. Para poder informar a nuestros clientes necesitamos datos ordenados, consistentes y fáciles de consultar. Aquí es donde los softwares de gestión agrícola juegan un papel clave.
Herramientas como Farmable permiten al productor pasar de una gestión reactiva a una gestión profesional orientada a mercado:
- Registrar de forma sencilla todas las labores por parcela
- Asociar tratamientos, insumos y cosecha a cada lote
- Tener el historial productivo siempre actualizado
- Facilitar el cumplimiento normativo europeo
- Profesionalizar la gestión de la explotación
No se trata de tecnología futurista, sino de convertir toda la información que se genera en una explotación agrícola en un activo estratégico, en información accesible al consumidor final. Ese es el gran diferencial frente a productores no europeos.
Cuando Mercosur vuelva a la mesa,que lo hará, muchos productos competirán en precio, pero no todos podrán demostrar:
- Origen verificable
- Historial agronómico claro
- Control real de insumos químicos
- Bienestar animal
- Buenas prácticas laborales durante proceso productivo.
📌 El productor español europeo que haya apostado por trazabilidad digital podrá respaldar su producto con datos.
Y eso es exactamente lo que buscan hoy distribución, supermercados, horeca y mercados exigentes, en fin, los clientes finales, porque necesitan proveedores fiables, trazables y capaces de demostrar su valor ante el consumidor final.
Este retraso, si lo miramos bien es una gran oportunidad. Los próximos 18 o 24 meses son una ventana estratégica para digitalizar las explotaciones y fortalecer el relato de producto y calidad europea.
Tanto si el acuerdo se reactiva, o simplemente se importan productos de fuera,tenemos que prepararnos para diferenciar nuestra producción.
La defensa del agricultor y ganadero europeo no vendrá de decisiones políticas, vendrá de su capacidad para demostrar cómo produce, dónde produce y bajo qué condiciones.
La trazabilidad digital no es una moda ni un coste añadido: es la base que permitirá al productor europeo diferenciarse y proteger su valor cuando el mercado se abra.
Porque el que no puede demostrar su historia, compite solo en precio. Y en Europa, eso ya no es suficiente.
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